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lunes, 22 de febrero de 2010

Malvinas

Sólo aclaro que esto no es mío, por si al que se lo tomé prestado lo reclama. Es que no recuerdo donde lo he leído.


¡Las Malvinas son Argentinas!

¿Y la Argentina de quién es?








lunes, 14 de diciembre de 2009

La inseguridad, sus negocios y el “monopolio” del control represivo

A “INSEGURO” NO SE LO LLEVARON PRESO


Ningún defensor del sistema capitalista saldrá jamás a anunciar su crisis o una crisis política derivada de esta otra, porque cualquier idea catastrófica generará una reducción en la demanda, en el consumo, en la inversión, por un temor (entendible) de la población a gastar. Se modifica entonces la propensión marginal al consumo y al ahorro (en general, del ingreso familiar, 20% se ahorra y 80% se gasta), la gente ahorrará lo más que pueda para afrontar la crisis con un colchón más inflado. Por consiguiente, el empresario (que había planificado su inversión según otros datos) tendrá un sobrante de productos. Mercancía que intentará colocar “cueste lo que cueste”.

¿Cómo lograr insertar esos productos que la gente no quiere comprar o no necesita? Aquí entran en el juego la publicidad y el marketing. Ese arte de “enchufarnos” aquello que no necesitamos, creándonos la necesidad y logrando que como zombis al otro día nos encontremos comprando el producto. Incluso hasta logrando la invención o modificación de hábitos culturales. En este sentido aparecen, por ejemplo, los celulares para los jóvenes y niños, abriendo un mercado laboral que tiempo atrás era limitado sólo para los adultos. Pero también entran en el juego, los medios de comunicación y los opinólogos de la farándula.


Datos que no son noticia: la manipulación de la información


Según datos del INDEC del 2006 (última actualización) del total de muertes en nuestro país el 30% fueron por enfermedades del sistema circulatorio, el 19% por tumores malignos, el 14% por enfermedades del sistema respiratorio y el 6,5% por causas externas entre las cuales los accidentes son el 5,3% mientras que “otros” es el 2,8 restante. Este “otros” se refiere a los homicidios dolosos, la noticia de cada día en los medios periodísticos de nuestro país. La Argentina (como muchos otros países) no ha actualizado sus datos sobre homicidios desde el 2007. Pero esta última estadística de la Dirección Nacional de Política Criminal es muy jugosa de analizar. Las muertes se calculan a nivel mundial en un promedio cada 100.000 habitantes. La Argentina tiene un promedio de 5,26 en homicidios dolosos (con intención) y 9,61 en homicidios culposos en hechos de tránsito (sin intención y en accidentes automovilísticos). Los datos de Estados Unidos son de 5,4 en homicidios dolosos. Honduras, 50. Sudáfrica, 38,6. Brasil, 25 (2006). Paraguay, 12 (2006). Venezuela, 45 (2006). Dinamarca, 0,79. España, 1,2 (2001). Es decir que la mayor cantidad de muertes en nuestro país se produce por enfermedades y por accidentes de tránsito (caso Pomar), ambos casos no son noticia. Además, nuestro promedio de asesinatos es similar al de Estados Unidos, mayor que el de los países europeos, pero mucho menor que el de Paraguay, Sudáfrica, Brasil, Venezuela. Este dato golpea los argumentos de sentido común referidos a “esto sólo pasa en Argentina”.

Es más que interesante desglosar los datos estadísticos de los homicidios en nuestro país. Del total de los homicidios en ocasión de robo, el 53% ocurre en la vía pública, el 29% en el domicilio particular, el 13% en los comercios y sólo el 1% en el interior de los automóviles. Contrariamente, el análisis periodístico superficial de las últimas semanas anunció que hay una escalada de homicidios en ocasión de robo de autos o motos: falso. Otro cálculo vibrante es que del total de asesinatos sólo el 22% ocurrió cuando se intentaba robar, o sea, la mayoría de las matanzas son por otras causas entre las cuales se cuentan conflictos familiares y ajustes de cuentas. El último dato del informe que llama la atención es el de las víctimas: el 93% civiles, el 1% policía en servicio y otro 1% policías fuera de servicio. Sin embargo, ha sido noticia en varias ocasiones, el alza de muertes de efectivos policiales, victimizando al aparato represivo cuando los datos reales son bajísimos.


Los números hablan por sí solos. ¿Ese “¡Nos están matando a todos!” de Mirtha L. tendrá como referencia las enfermedades cardiovasculares? ¿Esa declaración “si prendés la tele y muere gente todos los días. A mí no me interesa la Bolsa” de Susana G. tendrá que ver con los accidentes de tránsito? No, tiene que ver con un lobby, una armazón de terrorismo mediático impulsado desde los grupos de elites que los benefician de muchas formas: generan una parálisis en el pueblo (un estado de sitio implícito) que impide a la gente salir, conversar con el vecino, solidarizarse, organizarse, plantear soluciones para su clase; cambian el foco de la atención de la crisis económica (Susana lo dijo muy clarito “a mí no me interesa la Bolsa”) y la crisis política que ésta genera en los gobiernos de todos los países; abren nuevos mercados o resurgen mercados muertos por la mismísima crisis económica.


Beneficios económicos del terror


¿Cúal es la industria que crece de manera ininterrumpida (y silenciosa) llueva o truene? La industria de la seguridad privada y la tecnología al servicio de ésta. Las empresas de seguridad privada registran un promedio de crecimiento anual del 4% en forma sostenida, la compañía ADT de instalación de alarmas tuvo un incremento de ventas del 20% en el último año, la Cámara de Industrias Electrónicas, Luminotécnicas, Telecomunicaciones, Informática y Control Automático (Cadieel) vio incrementar la demanda de sus productos entre un 13 y un 15% (más de 450 millones de dólares). Entre lo que se ofrece en el mercado para combatir la supuesta “inseguridad” se encuentran: alarmas (generó una entrada de 1.700 millones de pesos), iluminación con detector de movimiento (6 millones de pesos), porteros eléctricos con visor (76 millones de pesos), blindaje de autos (40 millones de pesos), entre otros.


El Estado Nacional es cómplice de este negociado, porque permite la proliferación de un ejército paraestatal de “vigilancia privada”. De cada tres vigilantes no oficiales, hay uno oficial. Llegan a facturar 10 mil millones de pesos al año, la misma cifra que está planificada en el presupuesto 2010 para la Policía. Algunos se alarman porque el Estado ya no monopoliza el control de la represión y no puede competir contra la reproducción de la seguridad privada. Al Estado le sirve. Comparte el control de la fuerza con un grupo paraestatal que persigue los mismos objetivos: la división de clases, el sostenimiento de la clase burguesa en el poder y la represión de la clase trabajadora. Se dan una mano mutuamente. Una vez más queda al descubierto el rol de clase del Estado. Un modelo alternativo de sustitución del control represivo burgués, o sea, organizado por vecinos y trabajadores, no sería avalado bajo ningún punto de vista por el Estado.


Los negocios de la burguesía, fogoneados por los medios de comunicación masiva y por los ricos y famosos, tienen que ser denunciados como tal, como negociados, pero no tienen que distraernos del centro de la atención: la lucha por nuestras reivindicaciones de clase.




Fuentes:




viernes, 14 de agosto de 2009

17 de agosto


José de San Martín tenía 6 años cuando se fue a España con su familia. Su padre había sido enviado por el gobierno de Buenos Aires a hacerse cargo de un batallón de voluntarios argentinos en las filas del ejército español. Regresó, luego de su instrucción escolar, su actuación militar destacada y su paso por Inglaterra, a los 23 años a la Argentina. Se puede decir que pasó fuera de su país los años de arraigo social y cultural más importantes en el hombre.

Su visita a Inglaterra lo acercó a la masonería y a las ideas del liberalismo económico (ni los Estados ni los reyes debían influenciar el comercio) que propició un enriquecimiento exuberante a las naciones imperialistas, en este caso, a Inglaterra. Allí estrategas político-militares planificaban la manera de expandir el imperio inglés a otros continentes. Uno de ellos –Thomas Maitland – se concentró en Latinoamérica (en época de Virreinatos españoles); ideó lo que después se conocería como el “Plan Maitland”:

  • Ganar el control de Buenos Aires;
  • Tomar posición en Mendoza;
  • Coordinar acciones con un ejército en Chile;
  • Cruzar los Andes;
  • Derrotar a los españoles y controlar Chile;
  • Continuar por mar a Perú;
  • Liberar al Perú;

La idea de la conquista inglesa del Perú era tan brillante como el oro y la plata de sus minas. Las pampas argentinas y las costas caribeñas en manos de los españoles no hacían más que actuar de alambrado para resguardar la riqueza del centro de Latinoamérica.

El gobierno de Buenos Aires se encontraba preocupado por la amenaza de avances de los “realistas”. Le encarga, entonces, a San Martín en su retorno la creación de un regimiento de defensa: nace Granaderos a caballo. El General se reúne con los opositores al Primer Triunvirato y organiza lo que se podría caratular como el primer golpe de estado argentino. Llevo a sus Granaderos a la plaza de Mayo en un clima convulsionado y presionó para que se renovara el poder político (tomó el control de Buenos Aires). Se encarga, luego, de la misión que llevaba adelante Belgrano en el Norte, pero no está de acuerdo con atacar Perú por allí. Se retira a pensar y organizar su estrategia en Mendoza. Sin el apoyo económico y logístico necesario (el que había pensado el inglés Maitland), coordina con los “criollos” Chilenos su entrada al país y la formación de un ejército, cruza la Cordillera, libera Chile de los españoles, continúa por mar a Perú y libera Perú. Esto que hoy resumo en humildes oraciones fueron 7 años de batallas, acuerdos y sangre derramada hasta proclamar la independencia de Perú en 1821.

Luego vino el título de Protector de Perú, porque se temía que los realistas intentaran la reconquista, el encuentro con Simón Bolívar (que estaba haciendo lo mismo que San Martín de arriba hacia abajo), la renuncia del General a continuar con la lucha y el ofrecimiento a Bolívar de todo su ejército, la indiferencia del gobierno de Buenos Aires para con el General por temor a su poder popular y el exilio y muerte en Europa (su vieja casa).

Un hombre apasionado por un ideal cuestionable, que no fue iluminado por la ninguna magia divina para cruzar los Andes ni por la patria de sus amores para realizar acciones heroicas. Pero un hombre apasionado al fin, que colaboró con la limpieza final de los residuos de monarquía en Latinoamérica, para dar lugar a un nuevo sistema político-económico.

Los ingleses no creyeron que fuera factible una incursión propia con motivo del Pan Maitland. San Martín no fue tampoco un enviado inglés al servicio de la corona. Aunque sí sirvió su actuación libertadora para terminar con un comercio monopólico y, de esta manera, pasar a un libre comercio (pero implícitamente también monopólico, porque el poder de la industrialización y el mayor comprador de materia prima era el imperio inglés). Esto ejemplifica la fuerza y la representatividad de las ideologías. San Martín no hablaba Inglés con los argentinos, pero favoreció, a través de sus hechos, a la expansión del imperialismo naciente.



viernes, 22 de mayo de 2009

25 DE MAYO

Quisiera que se imaginaran un triángulo. Triángulo que podemos cortar con tres líneas horizontales. La punta se podría rellenar de Españoles (realistas), el espacio que le sigue con los criollos (hijos de españoles, nacidos en Argentina) que poseían tierras, el que le sigue con artesanos y pequeños propietarios de tierras y, por último, en la base, estarían los indígenas y esclavos africanos (trabajadores de las minas y el campo).
Por otro lado, quisiera que se imaginen un auto con dos volantes – el actualísimo doble comando. Si en un auto conducen dos personas, deberán ponerse de acuerdo para orientar sus objetivos. Imaginen a Cornelio Saavedra y a Mariano Moreno en ese auto.
La llamada Revolución de mayo es como tomar un picaporte de una puerta y abrirla. De tanto repetirlo (casi 200 reiteraciones) se vuelve una habituación, una rutina. Y usted vio que las rutinas, al ahorrar tiempo y energía, se hacen y listo. No se piensan.
En los festejos del 25 de mayo desfilan por las escuelas y programas de televisión aguateros, negros, damas criollas, mulatonas. ¡Simpatiquísimos! Es una mirada social, se podría decir. Una oportunidad para detenernos en las formas de vida de la época colonial. Ahora, son ¿distintas a las actuales? Por supuesto que sí en cuanto a su forma, pero de ninguna manera lo son en su estructura. El triángulo que les pedí que se imaginaran hoy sigue estando vivo, mantiene su estructura: una cima de empresarios y políticos ricos, un nivel medio-alto de pequeños empresarios y propietarios, un nivel medio de los que trabajan para ellos y la base del triángulo sostenida por los pobres.
La Revolución de mayo falló en romper con el orden colonial establecido, falló en desarmar las estructuras sociales, falló en ese revolver intrínseco en la palabra.
Aún puede seguir llamándose revolución porque hubo una transformación radical de las estructuras políticas. Se suplantó al régimen monárquico por una Primera Junta de gobierno de criollos. Allí Moreno Y Saavedra conducían el auto del que les hable. Uno (el más joven) quería meter quinta a fondo hacia los ideales de la Revolución francesa, el otro (el más viejo) quería ir despacito hacia la independencia económica de España, aunque sólo para cambiarla por una dependencia económica con Inglaterra: un nuevo monopolio. La gente reunida en las afueras del Cabildo no hicieron más que acelerar la caída del Virrey (símil 2001), pero después el orden fue perpetuado por un Saavedra que no quería más caos que esa limitada revolución. El doble comando termina tiempo más tarde con Moreno renunciando y partiendo hacia Europa, donde es envenenado, y los morenistas que quedaban en la Junta barridos por una movilización, de cantidades similares a las del 25 (se habla de cuatro mil personas), el 5 y 6 de abril de 1811, acarreados por Don Cornelio (casi anagrama de Don Corleone).

domingo, 29 de marzo de 2009

2 de abril

Llegó a mis manos una revista publicada entre mayo del ’78 y diciembre del ’82. El nombre era “Nuestra soberanía”, de distribución gratuita, el director, el Coronel retirado Ernesto Müller y era el medio de difusión de la CONARDES (Confederación Argentina para la Defensa de la Soberanía). Recordemos que durante los años de circulación de esta revista en nuestro país se sucedían los hechos que más temor causaron a nuestra sociedad: la represión, secuestro, desaparición y tortura de personas en manos de la dictadura militar. Temor que aún hoy no se ha extinguido; temor que genera falta de participación ciudadana, falta de denuncia social y descreimiento en la política.

También ocurrió en ese contexto, el suceso más traumático con el que puede convivir una sociedad: una guerra. Muchos, desde lo patriótico o nacionalista, intentan transmitir que vivir una guerra o un hecho conflictivo con otro país debería llenarnos de orgullo. “Hay que defender lo nuestro”, “nuestra soberanía”, se dice. Aquí está el punto de contacto entre esa publicación y el sentimiento popular. Sentimiento que es influenciado cotidianamente por los medios de comunicación, la propaganda política y la educación acrítica. En la defensa de “lo nuestro” se esconde una ideología que apunta a poseer. Sentimiento que se torna peligroso cuando se habla de poseer el territorio, una nación, una persona, un arma.

Desde un punto de vista filosófico no poseemos nada. El planeta Tierra es patrimonio de la humanidad, o sea, es de todos. Alguien, en algún momento, nos hizo creer que el oro era valioso, que el dinero también lo es y que a cambio de eso él podría poseer lo que quisiera. No deberían existir las fronteras, los límites geográficos, los países y las banderas. Dicen que es para organizarnos, pero muy bien sabemos que hay otros intereses detrás de la división de naciones. La guerra, como la de Malvinas, es, entonces, la consecuencia negativa que sufre el pueblo por intereses (económicos, por ejemplo) que nada tienen que ver con el pueblo mismo.

El 2 de abril recordamos el comienzo de una guerra absurda. Recordamos, para no olvidar que amplios sectores de la sociedad celebraron en la Plaza de Mayo la toma por parte de la Argentina de las Islas Malvinas, cuando el presidente de facto Leopoldo Galtieri dijo: “si quieren venir que vengan” (como un barra brava). Y vinieron, y mataron a casi 200 soldados, pibes. No celebramos nada el 2 de abril. No fue un hecho heroico, fue una mentira. Fue la matanza indiscriminada en menos de un mes de personas de ambos sectores para quedarse con un territorio rico en petróleo (interés Inglés) y por mantenerse en el poder con el apoyo popular luego del fracaso del gobierno militar (interés argentino).

Esa revista con la que introduje el tema (“Nuestra Soberanía”), sumado a la propaganda política por radio y televisión, generaron el terreno propicio para que la sociedad argentina se manifestara a favor de la guerra. Leamos y escuchemos hoy críticamente para poder darnos cuenta de qué manera y para qué nos quieren manipular, qué terreno están creando, cuáles son los verdaderos intereses detrás de sus actos y qué nueva “guerra” se avecina.